Emociones y síntomas

Emociones y síntomas

En muchas ocasiones los pacientes acuden a consulta debido a un síntoma que quieren aliviar, ya sea ansiedad, conductas adictivas o una tristeza constante por poner unos ejemplos. Sin embargo, estos síntomas a veces son una defensa que crea la mente del paciente para evitar ciertas emociones dolorosas las cuales no queremos afrontar, como son la soledad, el miedo, la vergüenza o la rabia.

Entonces, ¿De qué manera evitamos cada una de estas emociones dolorosas? Según la emoción en cuestión emplearemos una defensa u otra y esto, a su vez, va a ocasionar unos síntomas concretos en la persona.

Empecemos con la culpa. ¿Cuáles son las defensas más comunes para evitar sentirnos culpables? El perfeccionismo es la defensa por excelencia ante la culpa; revisamos y volvemos a revisar lo que hemos hecho en busca de cualquier error por pequeño que sea para así evitar sentirnos culpables por haber fallado en algo. Detrás del perfeccionismo suele haber una baja auto-estima, pues la persona perfeccionista es incapaz de confrontar y aceptar sus limitaciones. En ocasiones, un trastorno de ansiedad puede estar ocasionado y/o mantenido por una actitud perfeccionista.

Otra emoción difícil de gestionar es la soledad no deseada. Todos, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos sentidos aislados del resto; cuando nos hemos mudado a un lugar nuevo, cuando hemos roto con nuestra pareja o perdido a amigos, o simplemente cuando sentimos que no encajamos en nuestro entorno. Este sentimiento de soledad puede ser muy doloroso, y para evitar tal dolor podemos poner en práctica diversas estrategias con tal de evadirnos.

Por ejemplo, las auto-lesiones no dejan de ser una estrategia para distraernos de nuestro dolor emocional a través del dolor físico. Pueden ir desde lesiones leves como arrancarse el pelo, morderse las uñas o el labio, hasta lesiones más severas que pueden poner en peligro nuestras vidas. Otra manera de evadirse de la soledad es refugiarse en el trabajo, volvernos unos adictos al mismo,podemos echar horas extras, dedicar los fines de semana a adelantar trabajo o dedicarlos a proyectos profesionales, en cualquier caso el resultado siempre es el mismo: Estrés, lo cual a su vez acarrea problemas de sueño, mal humor e incluso depresión por agotamiento.

También conductas intensas como los deportes de riesgo, conducir a gran velocidad o engancharse al sexo con desconocidos son acciones que llenan ese vacío poniendo en riesgo nuestra integridad física. Otra forma de evitación es el consumo de drogas, de hecho, detrás de muchas adicciones se encuentra un aislamiento social. El adicto encuentra en las drogas un refugio y también un entorno social con el cual compartir su adicción.

La ira es una emoción que en muchas ocasiones nos han enseñado a reprimir. ¿Cuántas veces nuestros padres nos han echado la bronca por mostrarnos enfadados cuándo éramos niños? La sociedad tiende a que busquemos la complacencia o aceptación de los demás. Y en muchas situaciones mostrarse enfadado nos va a ocasionar un rechazo social. Pero reprimir nuestra ira sistemáticamente es lo peor que podemos hacer por nuestra salud, ya que se asocia a problemas cardiovasculares, estomacales y de depresión. Es más, cuando no expresamos nuestra ira a quien ha rebasado nuestros límites personales esta tiende a interiorizarse, es decir, nos odiamos a nosotros mismos. La ira siempre busca un objetivo, y si no lo encuentra fuera se volcará contra nosotros mismos.

Por último, la vergüenza es la emoción por excelencia que regula el miedo interpersonal, y llevada de una forma sana nos puede ayudar a entender y respetar los límites de los demás. Sin embargo, las personas que a lo largo de su vida, sobre todo en su infancia, han sentido vergüenza pueden establecer un patrón de sumisión hacía los demás que consiste en cuidar sistemáticamente del otro, dejando de lado sus propias necesidades. Lo cual en muchas ocasiones deja un sentimiento de frustración ya que, en la mayoría de las ocasiones, no reciben lo que dan. Y pueden caer en una depresión al descuidar sus propias necesidades.

Por el contrario, el patrón de personalidad narcisista puede esconder tras la superficie una auto-estima baja que se compensa avergonzando sistemáticamente a los demás.

En definitiva, el modo en cómo afrontamos nuestras emociones más dolorosas va a determinar nuestra salud mental. El conocer nuestras emociones y elaborar estrategias para sobrellevarlas nos va ayudar a mejorar nuestro equilibrio mental.