Las largas jornadas laborales, los problemas familiares, la crianza de los niños, los atascos… En nuestro día a día afrontamos multitud de situaciones estresantes y en muchas ocasiones vamos en piloto automático, acumulando estrés y sin permitirnos el parar un poco para relajarnos. Por mi experiencia como psicólogo la gestión del estrés no suele recibir la importancia que merece. Parece que es algo que damos por sentado.
Porque las consecuencias de sufrir un estrés crónico por largo tiempo son graves y variadas. Pero antes de entrar en ellas cabe preguntarse ¿Qué es el estrés? El estrés es toda amenaza al equilibrio de nuestro organismo tanto física como psíquicamente, creada por factores tanto externos como internos, es decir, cualquier estímulo que nos saque de nuestra zona de confort. Por lo tanto el estrés es algo natural y deseable, sin embargo el problema viene cuando se cronifica y no volvemos a un estado de calma.
También hay que aclarar que el estrés no es lo mismo que la ansiedad, aunque tengan síntomas físicos muy parecidos. El estrés surge cuando tenemos que sobreactivarnos por las demandas de nuestro entorno o por condiciones fisiológicas que nos lastran el rendimiento como puede ser una mala alimentación, falta de sueño, consumo de drogas, etc. En cambio, la ansiedad se refiere más bien a cuando las preocupaciones dominan nuestra mente y no percibimos ningún control sobre nuestros pensamientos.
Además, hay que saber diferenciar entre dos tipos de estrés: El estrés agudo y el estrés crónico. El primero se debe a factores puntuales y de gran intensidad como puede ser enfrentarse a una situación de supervivencia, mientras que el segundo es ocasionado por pequeñas situaciones estresantes que se repiten mucho en nuestra rutina. El más peligroso para nuestra salud sin duda es el estrés crónico, que por otra parte suele ser el más común en nuestra sociedad actual.
Si hablamos del estrés cabe preguntarse si el estrés se debe a causas subjetivas u objetivas. Y la respuesta es ambas. Por un lado, el estrés se puede deber a causas objetivas como una carga intensiva de trabajo, a demasiadas responsabilidades o a condiciones como la falta de alimento o descanso. Sin embargo, también puede deberse a causas subjetivas, es decir, a cómo nosotros interpretamos o valoramos la situación. Y aquí hay dos conceptos que determinan cómo interpretamos una situación dada. La valoración primaria y la valoración secundaria. La valoración primaria se refiere a cómo nosotros conceptualizamos la situación. Por ejemplo, no es lo mismo ver nuestro trabajo como una tarea abrumadora y desagradable que como un reto interesante. La manera de percibir la tarea va a influir en nuestros niveles de estrés. Luego la valoración secundaria se refiere a las cualidades que percibimos en nosotros mismos que son pertinentes a la hora de afrontar la situación estresante. Por lo tanto, estas dos valoraciones van a hacer que vivamos una situación de una manera más o menos saludable para nuestros niveles de estrés.
¿Y qué consecuencias tiene el estrés crónico a lo largo del tiempo sobre nuestro organismo? Pues bien, el estrés es un factor importante a la hora de desarrollar enfermedades como la demencia senil, la artritis, el cáncer, diabetes, el síndrome del colon irritable, la esclerosis múltiple, psoriasis y las cardiopatías. De hecho, el estrés tiene más prevalencia como fator de riesgo en las cardiopatías que el tabaquismo. Por si esto fuera poco el estrés crónico se relaciona con un sistema inmunológica deprimido, por lo que seremos mas vulnerables a los virus e infecciones. Es más, el estrés es responsable